Escribe: Sandra Beatriz Moreno Sorto
El trabajo vecinal de echar una mano al que lo necesita es una tradición del pueblo vasco que saca lo mejor de esta tierra. El pasado 5 de septiembre de 2020 fue el turno de la casa de acogida Martin Etxea en Santa Juliana, Gallarta, Euskadi, donde se llevó a cabo el sexto auzolan que tenía la misión de preparar el terreno de la huerta de invierno.
Era un sábado de verano. El día incitaba a tomar el traje playero y aprovechar las últimas oportunidades de un baño en la mar, pero también se daba la oportunidad de vivir la experiencia del auzolan, organizado por la ong Mundubat. Su invitación decía: “…por si te animas a participar o por si conoces a alguien que pueda venir a echar una mano…”
¿Qué implicaba el trabajo voluntario? Podar árboles y arbustos (importante si queremos dejar que pase la luz natural al terreno de la huerta), preparar los bancales, desbrozar, recoger y apilar leña…y bien podemos agregar, cualquier tarea que surja durante el auzolan, como buscar personas que den apoyo de refuerzo escolar para la txabalería que comienza las clases.
La solidaridad hace familia
Las dos familias marroquís que viven en Martin Etxea son las principales beneficiadas de la acción solidaria, pues a partir de ahora producirán una parte de lo que necesitan para comer: Abdelali El Gahouali y Fadwa Diouri con sus hijos e hijas (Abde Mottalib, Khaoula, Adam y Mohamed Amin) y Abdellah El Messary y Fátima Zaharae Azzou que tienen a Ilyas, Ikhlas y Saad. Con ellas y el equipo de Soberanía Alimentaria, encabezado por Borja Allende, de la Escuela de Acción Campesina y del sindicato agrario EHNE (Euskal Herriko Nekazarien Elkartasuna), se había consensuado lo que se iba a cultivar en los bancales: puerros, berza, coliflor, acelgas, cebolla blanca, habas, patatas, cebolla roja,…
La huerta viene agarrando forma desde hace cuatro meses y se inauguró gracias a otro auzolan. Durante el verano, las familias obtuvieron ya algunos alimentos sanos y frescos trabajados con su propio esfuerzo. La alacena se vio reforzada con tomates, pimientos, calabacines, pepinos, lechugas, hierba buena, menta y diferentes hierbas que usan en los tés. Además el gallinero provee de huevos y algo de carne de ave, especialmente cuando hay alguna celebración de cumpleaños de las familias.
Ahora, con el sexto auzolan, el área de trabajo recibió el empuje necesario ante las necesidades de ampliarla y organizar los diferentes cultivos en bancales. Borja Allende, Txutxi Martin, Josema Leal, Aquilino Vega, Eder Sagrero e Iñaki Markiegi, de la Comisión de Soberanía Alimentaria, hicieron un mano a mano con Abdelali y Abdellah, a los cuales se unieron diferentes voluntari@s de otras organizaciones como la Comisión de Fiestas de Gallarta, del Museo Minero, del Colectivo Feminista, del Ecologista, del Internacionalista, de los Boy Scouts, de los amigos y amigas de Martin Etxea,…
Los bancales de la esperanza
Borja, azada en mano, empezó a estudiar el terreno, delimitando el ancho ideal para trabajar. Abdelali sin perder detalle le ayudaba a tomar las medidas, además de traer los trozos de madera que darían forma al primer bancal. Luego vendría el trabajo de remover la tierra, agregarle el abono natural y plantar lo que en poco tiempo se convertirá en los alimentos de las dos familias y de las dos nuevas familias de defensores/as de derechos humanos represaliados que en breve vendrán a vivir a la Martin Etxea.
Muy cerca de ellos, Josema y Aquilino dirigían el grupo, entre ellos Abdellah, que se encargaba de la poda de los árboles grandes. Las ramas les hacían buenas jugadas al caer, porque por más que estudiaban su trayectoria siempre surgía un imprevisto de última hora que implicaba saber moverse rápido y ver pasar “de cerca” una rama. El sudor de los rostros competía con las sonrisas al ver los avances de la limpieza, fundamental para mermar la sombra y conseguir que los rayos del sol dieran de lleno en el área de la huerta.
Un tercer frente estaba con Txutxi que con una desbrozadora tenía una guerra abierta a las zarzas, cuyas espinas recibían alegres a las que habíamos llegado con pantalones de tela de algodón. Colaborar en la recogida de lo cortado exigía guantes de protección en las manos, aunque siempre hubo algún arañazo por los brazos pero una los mostraba orgullosa porque era la prueba de que sí había estado en el auzolan de la Martin Etxea.
A la una y media de la tarde, el grupo de voluntari@ paró la labor. Había cundido la jornada de trabajo que comenzó a las diez de la mañana. La sombra ya no sería problema en la huerta, donde quedaban marcados los bancales; en el patio existían menos zarzas y las tareas pendientes seguro que serán excelentes pretextos para organizar el séptimo auzolan. Y viendo la sonrisa de satisfacción en cada una/uno de los participantes, seguramente habrá buen equipo.
Si quieres colaborar con el proyecto de la Casa de Acogida Martin Etxea, gestionada por la Fundación Mundubat, puedes hacer un donativo en la siguiente cuenta de Banco Laboral Kutxa:
ES22 3035 0083 29 0830126369
Puedes ver aquí la galería de imágenes de la jornada:








