CENTROAMÉRICA

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Presencia de Mundubat en Centroamérica

El trabajo de Mundubat en Centroamérica inicia en El Salvador, en el año 1988, con la construcción de un puente hamaca en el montañoso Departamento de Chalatenango. El país estaba inmerso en una fratricida guerra civil. Los fuertes vínculos creados desde ese puente hamaca con las comunidades hizo que nos volcásemos en su devenir político. Las acompañamos en el refugio, trabajando codo con codo en pleno conflicto armado, y apoyamos su fortalecimiento organizativo para que un día fuera posible el retorno a su país. Un proceso similar, pero, unos años después, en 1994, lo vivimos en Guatemala cuando iniciamos nuestro trabajo con las comunidades indígenas y campesinas que se habían refugiado en México debido al contexto de guerra de los años 80, conocido como La Violencia.

En ambos contextos, la vuelta a su tierra obligó a las comunidades a luchar por la dignidad y el respeto de los derechos más elementales. Fueron años de reencuentro de familias, y de duro trabajo en las tierras recuperadas. Fueron los días en que se comenzaron a colocar los cimientos de las primeras casas tras la guerra. Desde entonces, Mundubat viene desarrollando en ambos países un proceso de trabajo conjunto con las organizaciones locales con base en sus reivindicaciones sociales en el ámbito de los derechos de acceso a la tierra, la Soberanía Alimentaria y desarrollo local, así como la lucha feminista y la paz. Tras los Acuerdos de Paz, el énfasis se pone en el desarrollo y cumplimiento de los contenidos de los acuerdos. Estas reivindicaciones no son otras que las de eliminar las causas estructurales de la guerra: reducir los altos índices de inequidad social y marginación; una mejor distribución de la riqueza y reducción de la vulnerabilidad socioeconómica; un reconocimiento de la diversidad étnica multilingüe y pluricultural; erradicar las violaciones sistemáticas de los Derechos Humanos.

En cuanto a Nicaragua, fue en 1994 cuando Mundubat inició su andadura en el país, a través de la puesta en marcha de un proyecto para impulsar el fortalecimiento económico de la población desmovilizada tras la guerra. El trabajo realizado con las personas desmovilizadas permitió llegar a otros sectores sociales. Desde entonces, la principal línea del trabajo de Mundubat en Nicaragua consiste en propiciar elementos que permitan el desarrollo socioeconómico de los sectores más vulnerables.

A diferencia de sus países vecinos, Honduras no vivió en los años 80 proceso violento alguno. Sin embargo, el papel que se le asignó a Honduras de plataforma de la contrainsurgencia y sede de las grandes compañías transnacionales vinculadas a la explotación del banano, favoreció y promovió la práctica de actividades represivas hacia los movimientos sindicales, campesinos, feministas y estudiantiles. El trabajo de Mundubat en Honduras inicia en dicho contexto, en 1996, y desde entonces viene cooperando con diversos actores sociales en dos áreas determinantes: el poder político local y las economías populares, partiendo desde el apoyo a los procesos organizativos del campesinado y las mujeres.

Las políticas de ajuste estructural implementadas tras la finalización de los conflictos armados internos en los países centroamericanos contribuyeron a la desestructuración del tejido social. Los efectos de décadas de represión militar sobre la población civil ofrecían las condiciones idóneas para la puesta en marcha de medidas de liberalización económica y ajuste fiscal que, en condiciones menos extremas, hubiesen generado una respuesta social muy fuerte.

Fruto de la imposición de políticas draconianas sobre un debilitado tejido social, el proceso de integración regional (Sistema de Integración Centroamericano- SICA) se construye sobre bases muy frágiles. Existen numerosos obstáculos a la implementación de mecanismos que permitan avanzar hacia una integración de carácter progresista, que vaya más allá de meros acuerdos económicos parciales (como la libertad de circulación, la armonización de políticas, la imposición de un arancel común, etc.). Dichos obstáculos responden, sobre todo, a los intereses de unas élites políticas y económicas tradicionales que controlan importantes cuotas de poder real, tanto en la esfera de lo económico como en el resto de poderes constitucionales (legislativo y judicial). Estas trabas dificultan la puesta en marcha de políticas públicas redistributivas orientadas a la mejora de las condiciones de vida de las mayorías. Ejemplo de lo anterior es la desigual distribución de la tierra en la región, debido al acaparamiento de la tierra por parte de terratenientes y grupos empresariales nacionales y transnacionales. Las profundas desigualdades que siguen ampliando la brecha entre una minoría acaudalada y la mayoría empobrecida en la región, siguen alimentando las rutas migratorias hacia los EEUU en las que las vulneraciones de los derechos más elementales se han convertido en costumbre.

La descrita precarización de las grandes mayorías es la base de las vulneraciones de derechos que han terminado por naturalizarse en la región: en la medida en que se agudiza la violencia que entrañan las violaciones de derechos, no obstante, la desigualdad y sus efectos se vuelven insoslayables. Pese a ello, la impunidad y la ausencia de mecanismos de protección permiten que los circuitos de la injusticia social y las violaciones de derechos continúen multiplicándose. En consecuencia, la violencia generalizada se ha convertido en una de las señas de identidad de la región, alcanzando unas cotas en las que la realidad empieza a ser calificable de crisis humanitaria.

Las violencias que atraviesan el escenario político, social y económico centroamericano, incide de manera muy especial sobre las mujeres y sobres los/as defensores/as de derechos humanos, lo cual se encuentra íntimamente relacionado con la matriz productiva extractivista y las expresiones de resistencia y defensa del territorio frente a la misma. La violencia contra las mujeres, en efecto, alcanza ya tasas epidémicas, siendo el feminicidio y, la impunidad que lo rodea, la expresión más cruel del sistema patriarcal. Además de la violencia sexual, la trata y los asesinatos de mujeres por su condición de género, el control sobre el cuerpo de las mujeres constituye otra amenaza de gran magnitud. Pese a ello, cabe rescatar los avances que se han dado, en los últimos años, en el ámbito de la participación de las mujeres en espacios de política partidaria. El desafío, ahora, reside más bien en cómo esa participación se materializa en la toma de decisiones y en el enfoque en las propuestas a favor de sociedades más equitativas e incluyentes.

Derechos Humanos:

Trabajamos en el fortalecimiento de las organizaciones en el desempeño de sus funciones de promoción y defensa de los derechos, así como en la reducción de vulnerabilidades y nivel de riesgo. Además, se contribuye a la consolidación de los espacios de articulación entre dichas organizaciones. También buscamos mejorar la capacidad de incidencia de las y los defensoras/es ante las instituciones tomadoras de decisiones y fortalecer las capacidades de las servidoras públicas responsables de su protección. Mundubat también interviene en el ámbito europeo para denunciar la responsabilidad de las empresas transnacionales en la violación de derechos humanos en Centroamérica.

Género y Feminismos:

Uno de los grandes pilares de nuestro trabajo en el ámbito del feminismo consiste en incorporar los postulados de la economía feminista, como elemento de resistencia frente al capitalismo y el patriarcado, en los procesos que impulsamos. Ello implica construir conocimiento fortaleciendo la capacidad de análisis y debate en economía feminista de las organizaciones socias y las organizaciones de base con las que se trabaja. Al mismo tiempo, lo anterior se lleva a la aplicación práctica en las iniciativas económicas que se están apoyando y, asimismo, en las propuestas de incidencia pública y política pública presentadas para mejorar la posición económica de las mujeres.

En un contexto en que los altos niveles de violencia inciden de manera diferencial sobre las mujeres, Mundubat se involucra en los siguientes ámbitos de actuación: la promoción de la autonomía del cuerpo de las mujeres; la despenalización del aborto; la prevención de la violencia de género, la denuncia, la atención psicosocial y la lucha contra la impunidad; el empoderamiento, fortalecimiento de liderazgos y la participación política; y el fortalecimiento de la capacidad productiva de las mujeres en el ámbito agropecuario con base en la economía feminista y la Soberanía Alimentaria.

Soberanía Alimentaria:

Una de las prioridades es fortalecer las capacidades técnicas y de propuesta política de las cooperativas y federaciones agropecuarias, asociaciones comunitarias y demás organizaciones que aglutinan a campesinos y campesinas. El objetivo es que incidan y participen de forma activa en la promoción de políticas públicas frente al cambio climático y en defensa del derecho al acceso a la tierra y al agua, y la Soberanía Alimentaria; fortalecer el liderazgo de las mujeres dentro de las organizaciones campesinas; contribuir a la lucha contra la violencia de género y contra la exclusión histórica del campesinado siguiendo los principios del Feminismo Campesino y Popular; y que impulsen la implementación práctica de la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos del Campesinado y Otras Personas que Trabajan en las Zonas Rurales en el país. Además, se trabaja en promover el manejo sostenible de los suelos y la conservación de las fuentes de agua, así como en fomentar la transición hacia modelos de producción agroecológicos, con enfoque de cadena de valor, en contraposición con el modelo tradicional agroquímico. Por último, Mundubat apoya las luchas históricas por la tierra y el territorio que llevan a cabo las comunidades rurales y movimientos sociales.

CAMPAÑAS Y PROYECTOS DESTACADOS

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