Iñigo sigue su vuelo sobre el Chocó

Se cumplieron 20 años del asesinato del cooperante vasco Iñigo Egiluz y del sacerdote colombiano Jorge Luis Mazo, a manos de los paramilitares en Colombia el 18 de noviembre de 1999. La Fundación Mundubat los recordó con un acto homenaje en Bilbao, donde fue patente que siguen vivos e impulsando la cooperación con las comunidades en resistencia.

¿Resistencia a qué? Irónicamente, a la violencia estructural que asesinó a Iñigo y Jorge Luis y que continúa con su cultura de muerte, de despojo.  El periodista Paco Gómez Nadal recordó como en el Chocó, la guerra tiene una fecha de comienzo: 1996, cuando los grupos paramilitares, envalentonados por el apoyo institucional, abandonaron las zonas semiurbanas del Urabá para adentrarse en el río Atrato y comenzar el asalto a Riosucio. “Hace 23 años de aquello y la guerra no ha cesado”, sostiene.

En aquella época, las comunidades habían logrado romper el cerco económico paramilitar con una estrategia de tiendas comunitarias abastecidas por barcos protegidos por banderas blancas. El bloqueo se resquebrajaba y uno de los líderes de esa estrategia de resistencia civil era Jorge Luis.

En misión humanitaria

El 18 de noviembre de 1999, Jorge Luis, de 34 años, junto a otras nueve personas, viajaban de Murindó a Quibdó. Ya sin luz del día, muy cerca de la capital del Chocó, una lancha paramilitar arremetió contra su panga. Jorge Luis murió al instante y el cooperante Iñigo, de 24 años, cayó al río y la corriente lo arrastró. Su cuerpo se recuperó días después…

Ese día, Jorge Luis e Iñigo venían de una misión humanitaria integrada por Mundubat, ong a la cual pertenecía Iñigo, la Diócesis de Quibdó y la Corporación Jurídica Libertad. Venían de las comunidades víctimas del conflicto armado en los municipios de Murindó, Vigía del Fuerte (Antioquia) y Bojayá (Chocó).

Ya sin luz del día, este 18 de noviembre de 2019, se hacía memoria alrededor del legado de estos dos luchadores por la justicia y la vida. Eneko Guerrikabeitia, presidente de Mundubat, hizo suya la reflexión del colombiano Jesús Alfonso Flórez López, responsable de la ong vasca en Colombia cuando se dio el asesinato de Iñigo:

“…ser cooperante al estilo de Iñigo, es sentir el dolor de quien requiere la cooperación, para unirse a su proyecto de vida, para no caer en el peligro de la tecnocracia de la `ayuda al desarrollo´”

Organizarse y resistir

Fue, entonces, el turno de hablar de la campesina colombiana María del Socorro Pisso, secretaria general de la Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria (FENSUAGRO), presente en el acto. “El conflicto se está recrudeciendo en Colombia”, aseguró e inmediatamente agradeció a los han aportado a la paz, que han dado su vida. Mas, sin embargo, señaló que el despojo a las comunidades sigue y que los Acuerdos de Paz, firmados hace tres años, trajeron la esperanza de trabajar la tierra sin la amenaza de las balas, pero que esto sólo se quedó en un sueño, porque ahora con la excusa de combatir el narcotráfico, militarizan los territorios y abren la puerta a la minería y a la agroindustria.

“Están explotando los territorios con todo el aparato legal a su favor. Profundizando los renglones de la pobreza. La forma de resistir es con el proceso organizativo en los territorios”, expresó. Es la respuesta ante la guerra que no ha parado.

Tomando partido

Realidad que nos impide olvidar las razones de la lucha de Iñigo y Jorge Luis. El colombiano Carlos Alberto Ruiz Socha, del Patronato de Mundubat y asesor jurídico del ELN, intervino en el homenaje resaltando el hecho de que Iñigo bregó por una cooperación distinta, que no es neutral. “En una situación de injusticia no se puede ser neutral”.

El testimonio de Iñigo nos lleva a ver la violencia articulada con el pillaje bajo el rostro del paramilitarismo, un accionar que no consiguen destruir a las comunidades, a los pueblos que despertaron y defienden sus derechos, sus territorios. “Yo me pregunto dónde están los empresarios que se han beneficiado del paramilitarismo ayer, hoy,… y aunque se están reactivando las comunidades indígenas, negras, campesinas, estas siguen amenazadas”, advirtió Ruiz Socha. “La respuesta es la resistencia y la cooperación”.

Pero no cualquier cooperación, sino como la que vivió Iñigo.

“…os asesinaron por no ser neutrales, por poneros al lado de los que nada tienen, por ejercer un tipo de cooperación que va más allá de la ejecución fría y técnica de los proyectos, por ejercer un tipo de cooperación militante, en estrecha sintonía con la gente y que rompía con los esquemas de neutralidad a que nos quieren acostumbrar las instituciones donantes, sabedoras de que en estos casos la neutralidad siempre beneficia a los poderosos…”, escribió Jesús Martín, compañero de Iñigo en Guatemala, su primer destino como cooperante. Después iría a Colombia…

Os asesinaron por no ser neutrales…

Enlaces

Carta a Iñigo Egiluz, por Jesús Martín: ¿»¿Te acuerdas cuando…?»

Carta a Iñigo Egiluz, por Igor Olabarrieta: “Nos cortarán la vida, pero nunca la memoria”

Carta a Iñigo Egiluz, por Miren Basaldua: “Hacías práctica de la teoría”

Iñigo Egiluz, cooperación no colonial

 

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