El conjuro de las trabajadoras de hogar y de cuidados

Escribe: Sandra Beatriz Moreno Sorto

Fue un encuentro mágico. Sirvió para exorcizar el miedo que las corroe cuando exigen sus derechos de mujeres trabajadoras. Estuvieron reunidas en domingo, el 20 de octubre de 2019, el día que libran. El sitio elegido ayudó al conjuro: Sorginenea, en el centro histórico de Vitoria-Gasteiz.

“Respeto”, “derecho al paro”, “derecho a bajas laborales”, “derecho a un permiso para ir a un examen médico”, “derechos a dos horas de descanso en el día, si estoy interna; y a diez horas para dormir”,…las peticiones del conjuro iban tomando forma en el grupo formado por Fátima, Jazmín, Carolina, Lisbeth, Elsa, María y Doris. Ellas, después, llevarían sus conclusiones a la plenaria general del Encuentro de más de 100 mujeres.

A cada necesidad planteada, casi solo había una respuesta: “pero eso no se respeta”. Entonces hubo que ahondar en la búsqueda de soluciones. ¿Quién nos representa? ¿Quién hace que se cumpla?…y Fátima puso sobre la mesa el dilema humano: “pero con quién dejo a la persona enferma que depende totalmente de mí, en mis dos horas de descanso”.

Saber negociar

Se hizo el silencio. Cruce de miradas comprensivas y cuando menos lo esperábamos, Elsa dio con la clave: “cuando hice mi contrato, yo informé de mis dos horas de descanso. Y mi empleadora se organiza para venir en esas dos horas que yo aprovecho para ir a ver a mi familia o descansar. Por eso luchamos, para conocer nuestros derechos y saberlos defender en la negociación de nuestros contratos”.

Todas estuvieron de acuerdo con Elsa. Sin embargo Fátima sacó otro tema peliagudo: las compañeras que por necesidad, aceptan salarios muy bajos, perjudicando al resto. ¿Qué hacer? Carolina, quien había llegado desde Zaragoza, le apuesta a la organización. “Nuestro trabajo es digno. Lo que no son dignas son las condiciones en que realizamos nuestro trabajo”, aclaró. Saberlo y llevar este conocimiento a las compañeras que están en la economía sumergida, es el desafío de las trabajadoras ya organizadas.

Fue el momento de Jazmín. Aceptó que solo tiene dos fines de semana libres al mes, pero “ahora que ya tengo la tarjeta, voy a negociar un nuevo contrato”. Ella ya comprendió que los derechos deben exigirse, tengas o no papeles, aunque estos últimos ayudan a combatir el miedo. Lo que siempre debemos recordar es que no tener papeles no significa no tener derechos laborales.

Fuera miedo

“¿Quién tiene miedo?”, preguntó Lisbeth. De las siete, seis dijeron que sí.

“¿Cómo perderemos el miedo?”, volvieron a cuestionarse en voz alta. “¡Juntas perderemos el miedo!”, se respondieron ellas mismas. Tenían, por tanto, la fórmula del conjuro lista para ser compartida en la asamblea general del Encuentro de Trabajadoras de Hogar y de Cuidados de Vitoria-Gasteiz “Construyendo enredos entre mujeres”, organizado por Mundubat Fundazioa y Zentzuz Kontzumituz.

La unión fue la consigna entre las diferentes organizaciones participantes en el Encuentro: Territorio Doméstico (Madrid), Asociación de Trabajadoras de Hogar de Zaragoza, Mujeres Migrantes Diversas (Barcelona), Trabajadoras No Domesticadas (Bilbao) y Las Mélidas (El Salvador). Todas acuerparon los primeros pasos de la naciente Red de Trabajo de Hogar y de Cuidados de Gasteiz.

Mientras terminaba la jornada dominguera, las mujeres trabajadoras bailaban al son de una cumbia su liberación del miedo y celebraban que a partir de ahora ya saben quién defenderá sus derechos: “¡Nosotras! ¡Nosotras!”

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