Paz con nombre de mujer

Betty Puerto Barrera

La defensora de derechos humanos, Betty Puerto Barrera, sostiene que el pueblo colombiano merece una oportunidad de vivir en paz.

La colombiana Betty Puerto Barrera, de la Colectiva de Mujeres exiliadas, refugiadas y migradas, llegó en tren a Lemoa, en Bizkaia, el pasado 20 de marzo. Con paso seguro se dirigió al Hogar de las Personas Jubiladas, ahí la esperaba la proyección del documental “Mujeres al frente, la ley de las más nobles” que después comentó y reflexionó con el público. Ahí aparecieron las heridas del conflicto armado, pero también el espíritu de las mujeres colombianas que ante la adversidad dicen: “límpiate las rodilla y sigue”.

La directora del documental, Lula Gómez, nos fue presentando una a una las mujeres que hartas de la guerra, se inventaron alternativas para crear en sus comunidades, en sus pueblos, un mundo más justo. Ante la ausencia de Estado, ellas actuaron. “El Estado no sabe cuántas mujeres han sido violadas. Hemos sido botín de guerra”, “Nuestros hijos son reclutados por los paramilitares y hemos tenidos que ir a rescatarlos”, “No hemos parado de luchar desde que fuimos a buscar un ataúd para enterrar a una compañera”,…

En medio de tanta violencia, las mujeres fueron descubriendo los talleres de derechos humanos. Encontraron así los argumentos para defender sus propuestas de construcción de paz en medio del drama humano del desplazamiento forzado. Todas están convencidas que el tema de las mujeres es preponderante en cualquier negociación de paz, porque se tiene que reconocer la violencia sexual ejercida contra ellas. “¿Por qué se nos tiene que violar en las guerras?”, preguntan indignadas.

Paz cotidiana

Luz Marina Becerra tiene claro el significado de paz: “Es poder cazar en la selva. Es poder ir a la playa, en la noche, a cenar en comunidad a la luz de la Luna. Es poder pescar”.

Vera Grande, guerrillera del M-19, resaltó que las sobrevivientes son las que buscan a los desaparecidos, cuentan lo qué sucedió, mantienen la memoria histórica y reclaman justicia. Es la primera en aceptar que en Colombia “estamos intoxicados de la violencia” y que en ese contexto habrá que construir la paz. Nada fácil, porque aparecerán otros problemas, pero ella cree que al mismo tiempo surgirán las soluciones, bajo la bandera del encuentro, la reconciliación.

Mayerlis Angarita expresó que nadie les dijo que serían víctimas. Pasó el tiempo y ante la dura realidad, entonces, tomaron una decisión: “Hacer la paz”. Pero una paz real no solo de discurso, de papel. Iniciaron hablando en las plazas, de forma clandestina. Aprendieron el arte de la resistencia silenciosa. Aceptaron el desafío de tomarse el poder, porque nadie se los daría. Esto las llevó a convertirse en sujetas políticas.

Betty Puerto Barrera y equipo de Mundubat

La colombiana Betty Puerto Barrera con el equipo de Mundubat en Lemoa: Fernando Vaquerizo, Eneko Gerrikabeitia y Eneko Polledo.

Las amenazas contra la organización de mujeres de Angarita aparecieron en el horizonte. “Distribuyeron mensajes donde decían que no querían mujeres en la política y pusieron la imagen de una mujer descuartizada”, recordó. “Me llamaron por teléfono, y me dijeron que me iban a matar. Yo le respondí que hiciera fila, porque la lista era larga”.

En exilio forzoso

De esa raza de mujeres valientes es Betty Puerto Barrera, defensora de derechos humanos. Lleva ocho años en el exilio. “Mi abuela no vivió en paz, yo tampoco he vivido en paz”, afirmó ante el público que estaba en una de las salas del Hogar de las Personas Jubiladas. ¿Cuál es la razón de la falta de paz en Colombia? “Los recursos naturales son el problema. Sacan a las comunidades de sus territorios ricos en minerales, petróleo. Masacran y queman los pueblos. Es nuestra tragedia”.

Betty ha visto mucho. Conoce el sufrimiento de su pueblo, en especial el de las mujeres. Se inspira, por ejemplo, en las del Valle Encantado. A su comunidad llegaron los paramilitares. Mataron a sus maridos y se llevaron a sus hijos. Ellas los recuperaron y en medio de los despojos crearon Valle Encantado.

Y cuando habla de la autoridad femenina busca la referencia de aquellas 200 mujeres que recuperaron la casa tomada por un paramilitar. Simplemente fueron al inmueble y lo echaron. En su mente siempre están las víctimas de violaciones sexuales, convertidas en botín de guerra. Su indignación crece al mirar el pasado y el presente y tener que aceptar que “ninguno ha pagado la violencia contra las mujeres”.

Confesiones sin condena

En Colombia, 18 mil mujeres han hablado de haber sufrido violencia sexual. Betty escuchó a un paramilitar confesar públicamente (testimonio conocido también por la opinión pública colombiana): “las mujeres me decían que a ellas les hiciera lo que quisiera, pero que no le hiciera nada a sus hijos”.

Betty, sin ocultar su dolor, apuntó en Lemoa que en este proceso de paz las mujeres han perdido. “Nadie ha sido juzgado por los crímenes cometidos a las mujeres. Tenemos el espíritu enfermo…Yo no sé qué es mejor: ¿acceso a la justicia o acceso a la verdad? Ahora, ellos simplemente dicen: `Maté, sí´ Y así se quitan penas de cárcel”.

Guarda silencio. Silencio en la sala. De repente su voz vuelve con fuerza. “Nos merecemos una oportunidad. Toda la vida hemos tenido una agenda de paz”, compartió ante el sentimiento de solidaridad de las personas de Lemoa. “Creo en la construcción de los lazos de solidaridad, sororidad”.

Los aplausos que recibió al final de su intervención fortalecieron su esperanza, la que la sostiene en su largo exilio y en el mismo momento que cunde el desánimo, en ese mismo instante se limpia las rodillas “y a seguir, que la paz que vivimos es vulnerable todavía y siguen los asesinatos de los compañeros activistas de derechos humanos”.


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Propuesta No de Ley

 

Lunes 27 de marzo, en Lemoa, proyección del documental La Paz Insurrecta

Lemoa La Paz Insurrecta

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