Las organizaciones de DDHH aguantan el pulso del paramilitarismo colombiano

Mundubat Antonio Montoro Colombia

Antonio Montoro (izda), de Mundubat, en una reunión de trabajo con organizaciones colombianas.

Después de una misión de trabajo a Colombia, Antonio Montoro, Coordinador Técnico de la ong vasca Mundubat, expresó su indignación por los asesinatos de los y las defensoras de los derechos humanos. También sostuvo que pese a las amenazas en contra de las organizaciones internacionales que acompañan a las comunidades afrodescendientes e indígenas, atacadas por el paramilitarismo y el modelo económico depredador, se seguirá en Colombia. “Continuaremos apoyando la movilización social y la resistencia popular”, afirmó el cooperante.

En este momento del proceso de paz en Colombia, ¿por qué los paramilitares amenazan a las organizaciones internacionales de DDHH?

Montoro: La presencia internacional siempre ha constituido uno de los mayores obstáculos para el accionar del paramilitarismo. El testimonio acerca de las violaciones de derechos humanos que protagonizan genera descrédito internacional en el sistema político colombiano, por lo que las organizaciones cuya misión es señalar a los responsables se convierten en elementos incómodos.

Tal y como se ha explicitado desde el gobierno colombiano, la paz es imprescindible, además de por consideraciones obvias de carácter humanitario, para la profundización de un modelo de desarrollo basado en el extractivismo, en los mega proyectos y en la llegada de grandes capitales internacionales. Estas actividades económicas necesitan de entornos sociales y políticos deprimidos, con una baja intensidad en la movilización social y donde el deterioro del medio ambiente y de las condiciones de vida (salariales, salud pública, etc.) sea aceptado con la menor resistencia popular posible.

zona-humanitaria paramilitares

Paramilatares amenazan en Zona Humanitaria de Jiguamiandó, Chocó, Colombia.

En este proceso de degradación social, imprescindible para el desarrollo de estas actividades económicas, el paramilitarismo desempeña un papel central. Este entramado criminal es el encargado de generalizar un clima de terror mediante amenazas, asesinatos, agresiones sexuales, etc., que configure ese escenario necesario.

Y ahí las organizaciones internacionales de DDHH constituimos un obstáculo muy importante. Con la denuncia pública de estas violaciones y vulneraciones de los estándares de la dignidad humana, tenemos la capacidad, al menos teórica, de perturbar el flujo de capitales internacionales para el desarrollo de este modelo depredador.

¿Qué hay detrás del paramilitarismo colombiano para que se sientan tan fuertes y ataquen a las ong internacionales con presencia en las comunidades afrodescendientes e indígenas?

La connivencia del poder político y económico colombiano con las estructuras paramilitares, en el pasado y actualmente, está fuera de toda duda, de ahí la impunidad y soberbia con la que siguen actuando a día de hoy.

El paramilitarismo es parte del Estado (entendido éste como una superestructura de múltiples dimensiones que en ocasiones tienen intereses contradictorios), y responde a los sectores más reaccionarios del mismo, de ahí que puedan permitirse actuar con impunidad y atacar a las comunidades afrodescendientes, a los pueblos indígenas, a las organizaciones sociales colombianas y, por supuesto, a las organizaciones internacionales que trabajamos por la defensa de los derechos humanos.

Paramilitares en San José de Apartadó Colombia

Pintadas hechas por los paramilitares en San José de Apartadó, Colombia.

¿Parece una lucha de poder entre los y las defensoras de DDHH y los paramilitares?

En absoluto. Los/as defensores/as de Derechos Humanos trabajan en favor de la dignidad del ser humano, por condiciones de vida básicas, contra la explotación… Los grupos paramilitares son la expresión criminal de las élites de Colombia que apuestan por un estado de guerra permanente, como medio de maximización de su beneficio económico y la consolidación de su control de las estructuras de poder.

Obviamente, hay una disputa entre proyectos de sociedad antagónicos, entre la justicia y la tiranía, entre la vida digna y el desprecio a la dignidad humana.

Desde la firma del Acuerdo de Paz en Colombia, entre el Gobierno y la FARC, los asesinatos de defensores de DDHH y dirigentes comunitarios continúan… ¿Qué paz se vive en Colombia?

Una paz débil, fruto de un proceso muy complejo que pretende dar solución a 50 años de conflicto armado.

La paz es imprescindible, pero no podemos perder de vista que las condiciones estructurales que provocaron el estallido del conflicto armado y su continuidad hasta la actualidad no se han transformado sustancialmente. La inequidad en el acceso a la tierra, el acaparamiento del excedente económico por una élite reducida, el racismo, un modelo de desarrollo excluyente y parasitario, etc., perduran en la Colombia de 2017. Es una contradicción difícil de gestionar y que va a determinar el éxito del proceso: la paz como necesidad para el desarrollo de un modelo económico generador de las condiciones estructurales que provocaron el conflicto armado.

Paramilitares San José de Apartadó

Los paramilitares buscan imponer el terror en la población civil que resiste a costa de su seguridad personal.

Los motivos por los que los/as defensores/as de DDHH eran asesinados/as hace 10 o 15 años no han desaparecido e incluso se han agravado. La oposición de una comunidad a la construcción de una presa hidroeléctrica o a una mina a cielo abierto conlleva los mismos riesgos (asesinato de sus dirigentes, desplazamiento forzado, amenazas…) tras la firma del Acuerdo de La Habana que en el año 2000. La lógica depredadora y criminal es la misma y, desgraciadamente, va a continuar siendo así si la movilización social no lo impide.

¿Deben permanecer las organizaciones internacionales de DDHH en Colombia?

Es imprescindible que las organizaciones internacionales continuemos nuestra labor de acompañamiento y denuncia de las violaciones de derechos humanos cometidas en Colombia. Pese a las amenazas o las agresiones que podamos sufrir ocasionalmente, nuestro nivel de vulnerabilidad es infinitamente menor que el de las comunidades y organizaciones colombianas y nuestra presencia contribuye a aumentar la sensación de protección y seguridad de los/as activistas colombianos/as.

 

 


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