Entrevista a Ane Garay Zarraga, autora de la investigación

En todo el planeta, cada año, hay decenas de miles de mujeres que están siendo asesinadas, que están perdiendo su salud, su posibilidad de trabajar, que van a quedar en situaciones muy graves de exclusión, que van a ver truncado su proyecto de vida, por no poder interrumpir un embarazo.

Sobre Ane…

Es amante de la danza contemporánea y aunque nació en Bilbao ha pasado toda su vida en Algorta. No militó en ninguna organización en la adolescencia, siempre tuvo conciencia y preocupación por la justicia y los derechos Humano; seguramente fue esto lo que la empujó a estudiar ciencias políticas y de la administración y formarse más tarde en cooperación, desigualdad y género.

Se confiesa apasionada del mar, ya sea en verano o invierno; y afirma no creer en ningún dios, sea de la religión que sea, pero que si le gustaría cultivar su espiritualidad.

De la vida a Ane le gusta todo, le gusta compartir ratos de cachondeo y también charlas profundas y terapéuticas con sus amigas, que son todas listas y divertidas, sobre sus neurosis, sobre la vida, la política, las relaciones humanas, la sexualidad; le gusta comer bien y disfrutar de la naturaleza; le encanta jugar y reírse con su pareja; y le llena compartir militancia feminista con sus compañeras, aprender de ellas y con ellas.

Entrevista

Has publicado varias investigaciones y artículos relacionados especialmente con las multinacionales y la huella socio-ambiental de estas en países de América latina, ¿Cómo afrontaste el reto de investigar un tema tan diferente como es el derecho a decidir de las mujeres?

Es cierto que es un tema bien diferente, sin embargo, cuando he investigado sobre los impactos de las transnacionales, también he tratado de identificar y analizar cómo los derechos de las mujeres eran vulnerados, así como de reflejar las resistencias que las organizaciones feministas y de mujeres planteaban al poder corporativo. Aunque es verdad que no siempre ha sido fácil, por no disponer de las herramientas y los recursos necesarios.

Por otro lado, siempre me he sentido interpelada e identificada con las gentes y los pueblos que sufren el impacto arrasador del capitalismo transnacional, y me siento parte de ellos, pero es verdad que este trabajo sobre el derecho al aborto me ha conectado con un dolor más íntimo y más personal, más crudo. Desde ahí, y como feminista, también he sentido que disponía de más recursos para abordar el tema, para entender la dimensión de esta insoportable violación de los derechos humanos de las mujeres, y para relacionarme con las organizaciones latinoamericanas que han apoyado la investigación.

¿Qué le exige a una investigadora un trabajo sobre el aborto?

Exige humildad, tratar de ponerte al servicio de quienes se están jugando mucho más que tú. Exige mucha empatía, sensibilidad. Y también exige ser feminista. Por supuesto, conocer los textos y tratados internacionales, y, cómo no, el recorrido teórico y de lucha del movimiento feminista al respecto, es importantísimo. Pero creo que eso puede venir después. Dudo que se pueda hacer un buen trabajo de investigación sobre el derecho al aborto sin humildad, empatía y conciencia feminista.

¿Cuál es tu postura sobre el aborto?

El derecho al aborto es un asunto de salud pública, que debe ser abordado como tal; pero es, ante todo, un problema de carácter democrático. Se trata de reconocer a la mitad de la población del planeta su derecho a realizar un proyecto de vida propio, a decidir sobre algo tan íntimo como es su cuerpo.

A lo largo del trabajo de investigación he conocido historias verdaderamente espeluznantes de mujeres a las que se les ha negado su derecho a interrumpir un embarazo que las estaba matando, a las que se ha torturado, a las que se ha encarcelado sin pruebas como resultado de juicios en los que no se han respetado las mínimas garantías. Se están violando sus derechos fundamentales con una impunidad absoluta. Se está negando a las mujeres y a las niñas víctimas de violencia sexual su derecho a una rehabilitación integral y a interrumpir embarazos fruto de esas violaciones. ¿Cómo es posible que no se sancione a los estados que están asesinando a las mujeres? Es más, ¿cómo es posible que alguien se arrogue el derecho de decidir si una mujer puede o no puede abortar? Es increíble que la moral particular de ciertos sectores acabe por imponerse como código regulador de un asunto como este. El aborto debe ser reconocido como un derecho y debe estar fuera del código penal. Debe ser garantizado para todas las mujeres y las niñas que quieran o necesiten ejercerlo. Es una cuestión de justicia social. En todos los países en los que el aborto está penalizado, las mujeres de las clases acomodadas acceden a abortos seguros, mientras las mujeres pobres, rurales, las negras y las indígenas mueren.

Esta es una batalla que está abierta en prácticamente todo el planeta, y nuestros cuerpos, en disputa. Acaba de entrar en vigor en el Estado español la reforma que impide a las jóvenes de 16 y 17 años abortar sin el permiso de sus padres. Es una muestra más de que el patriarcado y los sectores fundamentalistas no van a cesar en su empeño de imponer su control y su moral sobre nuestra sexualidad y nuestra capacidad procreativa.

Finalmente, creo que es fundamental acabar con el estigma que pesa sobre el aborto. Abortar no es asesinar, pero es que ni siquiera es necesariamente un trauma, puede ser vivido como una liberación.

¿Qué une a todos los casos de aborto a pesar de ser todos diferentes?

Son varios los elementos que tienen en común los cinco casos recogidos en el informe. En primer lugar, todas estas mujeres son pobres, apenas si tienen ingresos, algunas provienen de zonas rurales muy empobrecidas, con escaso acceso a servicios de salud; son jóvenes, la mayoría no ha tenido posibilidad de cursar más que la educación primaria, y varias de ellas son analfabetas. Son de por sí mujeres en una situación extremadamente vulnerable. Pero además, el tema del aborto ha hecho pesar sobre ellas un enorme estigma social: todas han sido cuestionadas, señaladas y acusadas.

Además, las cinco han vivido una profunda violación de sus derechos más elementales, como son el derecho a la salud, a la integridad física y a la vida, han sido despojadas de su propio cuerpo en nombre de una moral ajena. Y ninguna ha recibido un trato de acuerdo a las mínimas garantías jurídicas: las que han sido juzgadas y condenadas, han sido sometidas a tratos inhumanos, sus procesos han estado plagados de irregularidades, y han sido condenadas a penas del todo desproporcionadas. Las que han recurrido a la justicia para exigir que se respetase su derecho a la salud y la vida no han recibido la respuesta que debiera dar un Estado de derecho.

Se ha escrito e investigado mucho sobre el aborto, ¿tu investigación qué aporte nuevo da? 

La idea original del equipo de género de Mundubat, que era recoger en un mismo documento varios casos emblemáticos, es un aporte interesante en sí mismo. A nivel latinoamericano hay algunos informes muy exhaustivos sobre el asunto, pero nuestro objetivo no ha sido tanto hacer algo así, como contextualizar el problema y plantear las violaciones de derechos humanos que se están cometiendo a través de los rostros de cinco mujeres. Queríamos humanizar el problema, no hablar solamente en términos más o menos abstractos de derechos humanos, sino contar qué es lo que ocurre a mujeres concretas cuando este derecho no es reconocido o no se puede ejercer en la práctica, y, sin embargo, sí está en el código penal. Para quienes no han entrado a informarse al detalle sobre la cuestión, puede ayudar a comprender de qué estamos hablando y por qué es prioritario legalizar el aborto.

Y a nivel personal, ¿Qué te ha aportado esta investigación a ti?

Me ha permitido entender con claridad la dimensión del problema y ha afianzado mis posturas. He comprendido realmente de qué estamos hablando cuando defendemos el derecho a abortar de forma legal, segura y gratuita: en todo el planeta, cada año, hay decenas de miles de mujeres que están muriendo (en realidad están siendo asesinadas), que están perdiendo su salud, su posibilidad de trabajar, que van a quedar en situaciones muy graves de exclusión, que van a ver truncado su proyecto de vida, por no poder interrumpir un embarazo. Niñas y mujeres violadas que a las que se está obligando a ser madres en contra de su voluntad. Hablamos de que hay muchas mujeres en la cárcel: ¡en El Salvador algunas de ellas están cumpliendo condenas de 30 años! Y en la mayoría de los casos ni siquiera han tenido juicios que cumpliesen las mínimas garantías. No puedo entender a quien no se desgarra ante esta realidad, como me ha ocurrido a mi.

Es una investigación que profundiza mucho en la problemática del aborto en América Latina en general pero te centras en concreto en los países de El Salvador, Ecuador y Nicaragua; ¿cómo ha ido el proceso de llevar a cabo una investigación desde la distancia en vez de en terreno? ¿Con qué facilidades y dificultades te has encontrado en el proceso?

Inicialmente contemplamos incluir también otros países en los que hay una situación especialmente crítica con respecto a este problema, como Honduras y República Dominicana. Lo intentamos insistentemente, pero lo cierto es que el derecho al aborto es un problema sobre el que pesa un gran estigma, y las organizaciones que trabajan para defenderlo tienen pocos recursos y están sometidas a una gran persecución. Además, muchos gobiernos desobedecen la obligación que tienen de recoger datos y elaborar estadísticas que den cuenta de la situación del aborto en sus territorios. Así que finalmente no pudimos contar con toda la documentación que hubiéramos querido, ni con la participación de varias organizaciones latinoamericanas que sabemos que hacen un trabajo muy valioso y en condiciones muy difíciles.

En cualquier caso, los colectivos y plataformas con las que hemos podido trabajar han sido extremadamente generosas y diligentes ante nuestras solicitudes de información, de envío de documentación y de revisiones del trabajo. Quiero subrayar que hacen un trabajo muy valiente, absolutamente admirable.

La investigación y la campaña #somostodasnosotras son primas-hermanas, comenzaron más o menos al mismo tiempo y tu también has sido pieza fundamental en montar esta iniciativa, ¿consideras que se refleja en la campaña el espíritu de tu investigación? ¿reflejan los carteles la lucha de las mujeres en América Latina? 

Sí, la campaña consigue transmitir el espíritu del trabajo de investigación, que tiene que ver con concretar y humanizar la cuestión del derecho al aborto.

Esta es una batalla colectiva, que está librando el movimiento feminista, pero los carteles se centran en las historias personales de las mujeres cuya experiencia contamos, que, en el fondo, como dice el lema de la campaña, somos todas nosotras. Los carteles son preciosos, muestran mujeres llenas de dignidad, atravesadas por el dolor, pero luchadoras. Todas ellas son luchadoras.

¿Con qué frase o enseñanza te quedas al terminar esta investigación? ¿Será ese el mensaje que compartas en las postales de apoyo de la campaña?

No va a ser muy original, pero me quedo con el lema feminista: “Las mujeres deciden, el Estado garantiza, la sociedad respeta y la iglesia no interviene”.


Si deseas escuchar la Entrevista a Ane Garay en el programa radial Mar de Fueguitos Pincha aquí

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