El rap de la resistencia colombiana

Escribe: Sandra Beatriz Moreno Sorto. Fotos: David F. Sabadell.

El enemigo tiene muchos rostros, además de poder, dinero y armas. Las amenazas y el asesinato están a la orden del día en las comunidades, cuyos territorios son disputados por diferentes grupos armados. Observar, experimentar, esta realidad fue parte de la misión internacional a Colombia, del 15 al 24 de septiembre de 2019, que recorrió el Sur de Bolívar y el Sur de Cesar, Catatumbo (norte de Santander) y Bogotá.

En la #MisionInternacionalistaColombia, organizada por Paz con Dignidad, estuvo Eneko Gerrikabeitia, Presidente de Mundubat, a quien hemos entrevistado para conocer sus impresiones de la grave situación de violación de derechos humanos que viven los hombres y mujeres colombianas en las regiones a las que llegó la misión de solidaridad. Entre las experiencias más fuertes está el sonido de las bombas que escuchó de los grupos que combatían en la serranía o la imagen del cuerpo del hombre en medio de la carretera que acababan de asesinar. Algunos de los pobladores se acercaron a los vehículos de la Misión para ver si tenían alguna manta y así cubrirlo.

Integrantes de la misión internacionalista entran a la sede del Proceso Soberano Comunitario por la Vida, la Justicia y la Paz de Micoahumado.

La violencia siempre impacta. Gerrikabeitia la conoce por sus 16 años en terreno de cooperante en países como Nicaragua, El Salvador, Colombia y Palestina. También tiene la convicción de que se puede erradicar y hay que combatirla de la mano de las comunidades víctimas de ella y que resisten organizándose, del movimiento social que lucha por construir la paz y un mundo con justicia social.

Sigue el conflicto

“Existe un conflicto social y armado en Colombia. A tal punto que fuimos testigos. Escuchamos el fuego cruzado, las detonaciones de las bombas en los valles y pueblos que nos movimos. Los grupos armados se disputaban el control territorial y el Estado da como respuesta, la militarización. Hay varias bases militares, mientras las comunidades están sin servicios públicos. El Estado sólo lleva el Ejército allí. En el Sur de Bolívar está la Fuerza de Tarea Marte que ha incrementado sus hombres de cinco mil a diez mil”, dice Gerrikabeitia.

La población civil se ve inmersa en este conflicto armado que la pone en peligro. Los actores con armas son las insurgencias (FARC, ELN y EPL), los militares, los paramilitares (como los Rastrojos) y el narcotráfico que últimamente se ve reforzado en tierra con miembros del Cartel de Sinaloa, de origen mejicano. En medio del entramado, el campesinado que resiste e intenta construir su autonomía. ¿De qué forma? Organizándose.

Agua Chica, Ocaña, Micoahumado, El Tarra, Filo Gringo, San Pablo,…ahí, y en otras comunidades, la gente dio una gran lección de supervivencia a la Misión Internacionalista. “La población vive con una vulnerabilidad increíble y el miedo es una constante”, comentó Gerrikabeitia. Por eso, allí, la gente siempre ha visto la necesidad de organizarse para enfrentar las amenazas sobre su valioso territorio. Es una zona rica en petróleo, minerales (oro) y es fronteriza con Venezuela. Hay cultivos de coca, una de las formas de tener ingresos económicos ante la falta de presencia del Estado y de programas de desarrollo.

Sin planes de desarrollo

La población civil obtiene de la coca productos desconocidos como cremas para la piel o té agroecológico, sin embargo la comercialización está empañada por la campaña gubernamental de que la coca sólo es droga y, por ende, se justifica la fumigación masiva con glifosato, contaminando el agua, la salud de la población y erosionando la tierra. Ninguna autoridad recuerda tampoco los Planes de Desarrollo Territoriales (PDET) que se incluyeron en los Acuerdos de Paz, firmados en septiembre 2016. Hace tres años precisamente. “No se están haciendo”, afirmó Gerrikabeitia. Igual situación con el Plan de Sustitución de la Coca (PENIS).

La población civil es sincera al aceptar que forzosamente no se dejará de cultivar la coca, porque necesitan ingresos aunque “sí voluntariamente y con planes alternativos”. Y, por supuesto, que estos proyectos alternativos se concreticen en los territorios, donde, por ahora, impera la ley de los diferentes grupos armados que se dejaron ver ante la Misión Internacionalista en los retenes puestos en la carretera que transitaban. Apenas habían avanzado unos pocos kilómetros del último retén, era el turno del otro grupo insurgente. Cada uno con su consigna y más de alguna pegatina pegada al vehículo.

Ante la realidad, los hombres y mujeres colombianas que no quieren unirse a ninguno de los grupos armados ni que se les relacione con ellos, expresaron ante la Misión Internacionalista que quieren decidir las inversiones en sus territorios y que rechazan los megaproyectos, apoyados por el Gobierno, que solo explotan el territorio y generan desplazamiento de la población civil. Dos ejemplos puntales que jamás aceptarán: la ganadería extensiva y el extractivismo del oro, aunque en este último sí desean permisos para sus pequeñas explotaciones mineras. “Pero el Estado sólo prioriza los grandes proyectos”, denunciaron. “También demandamos autonomía e inversión social”.

Ni con unos ni con los otros

Una escuela pública de Filo Gringo se anuncia como «espacio sin guerra».

La lista de entuertos gubernamentales es larga: en algunos pueblos, el Ejército tiene intervenido el Internet; el agua potable es escasa y de mala calidad, la electricidad muy débil, pocas escuelas y cuando las hay, se encuentran lejos y el alumnado que vive en las veredas carece de dinero para pagarse el transporte, el Ejército organiza fiestas infantiles en los pueblos y hasta disfraza de payasos a sus soldados… “con esto ponen en peligro a la población civil, porque los otros pueden atacar. No queremos ser parte de unos ni de otros”, exigió la comunidad.

Esto es vivir en fuego cruzado. Significa vivir bajo la amenaza constante de ser identificado con una de las partes armadas del conflicto. Significa tomar la decisión de organizarse para resistir. ¿Cómo se hace? Las mujeres, en Filo Gringo, tienen la Casa de las Mujeres. Ellas la construyeron para ellas. Para visibilizar su lucha por el territorio, por sus familias. Es el lugar de reunión, de debatir los problemas de la comunidad, de encontrar soluciones, de apoyarse, de escuchar y desarrollar actividades de forma autónoma. La juventud llega asimismo a la Casa y ha creado el grupo de música rap. Cantan rap que denuncia la guerra, la falta de inversión del Estado.

“Es una sensación agridulce”, confesó Gerrikabeitia. “La gente que vive ahí sabe que está amenazada y el Estado no la protege, pero es increíble como sacan fuerza para organizarse y resistir”.

 

ENLACES

Informe final de la misión. Pinchad aquí.

Declaración del Parlamento Vasco sobre la situación de los derechos humanos en Colombia. Pinchad aquí.

Presentación de conclusiones de la #MisionInternacionalistaColombia. Pinchad aquí.

El ELN a la espera de Iván Duque. Pinchad aquí.

 

No Replies to "El rap de la resistencia colombiana"

    Leave a reply

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada.