El efecto mariposa de la exposición fotográfica Latidos de la tierra

Exposición Mozambique DonostiaEs su tercera puesta en escena. Del 26 de enero al 28 de febrero de 2018 estará en Donostia, en el pasadizo de Egia, entre Tabakalera y la estación del Norte. Antes provocó el efecto mariposa en Bilbao (estación del Metro Casco Viejo) y luego en la Estación de Autobuses de Pamplona. Las imágenes sobre el campesinado de Mozambique causarán repercusiones positivas en el público.

Los retratos son del fotógrafo Andoni Lubaki y la exposición pertenece a Mundubat,  pero la interpretación del efecto mariposa es de Amaia Laforga, cooperante que ejecutó proyectos de Soberanía Alimentaria en Mozambique de la ong vasca. Ella actualmente está en la sede de Bilbao, donde le realizamos una entrevista para entender mejor cómo son las mujeres campesinas que aparecen en la muestra.

“Con la Exposición mostramos otra realidad, otro contexto que abre visiones, en especial una visión internacionalista como la que existe en Mundubat”, explica Amaia, quien agrega: “Se da el fenómeno conocido como el Efecto Mariposa, según el cual el aleteo de una mariposa en México puede afectar la fuerza del viento y mover los sistemas climáticos del mundo hasta llegar a causar tornados. En nuestro caso, una pequeña acción, como la Exposición de Mozambique, puede tener grandes repercusiones positivas entre el público de una ciudad como Donostia”.

La solidaridad

¿Qué efectos? Se despierta la solidaridad en las personas que se encuentran inmersas en sus familias, sus trabajos y seguramente al ver las fotos participarán más en acciones de apoyo a otros grupos que lo necesitan. “Esto nos hace sentir que nuestras vidas son más coherentes. Es el internacionalismo: trabajamos por los demás y nosotras ganamos también”, dice Amaia.

Exposición Mozambique DonostiaEn este caso, los lugares elegidos para la Exposición son importantes por lo que significa para una ciudad. Una estación de autobuses no es sólo zona de paso, sino que aporta un plus y se integra más en la ciudad, así ha sucedido en Pamplona, cuando llegó una visita a la Estación de Autobuses y lo primero que vio fue la muestra de Mozambique, entonces tuvo algo nuevo que aprender, que ver. Hasta hubo visitas guiadas. El cambio de paradigma aconteció de igual forma en el Metro de Bilbao.

Y a medida que conversamos con Amaia también se transforma el paradigma que pudiéramos tener de las mujeres campesinas de Mozambique. Estas poseen un nivel alto de analfabetismo y a la vez son los pilares de las familias, las comunidades y del país. Son resistentes, dejan de ser niñas pronto y asumen responsabilidades de mujeres adultas, como el matrimonio, a temprana edad.

Las machambas de mujeres

Son las que levantan a las comunidades sin ser reconocidas por el otro 50% de la sociedad: los hombres. En esta realidad socioeconómica el patriarcado campea a sus anchas. ¿Cómo es un día en la vida de una campesina? La gestión del tiempo lo marca el sol. Amanece a las cinco de la mañana y oscurece a partir de las cinco de la tarde, sea verano o invierno. Lo primero que hacen al levantarse es cocinar para todo el día, en especial alubias, arroz, verduras y legumbres. Arreglan la casa y las niñas van a por el agua y la leña. Después se marchan al campo con sus azadas y machetes a trabajar a las machambas, huertos individuales o comunitarios. Mundubat desarrolló proyectos para fortalecer las machambas comunitarios de mujeres.

Las mujeres, por lo general, se llevan a sus hijos e hijas al campo, porque en lo rural no van a las escuelas. Es raro que exista un centro educativo. Trabajan la tierra unas siete horas. Retornan a los hogares tipo una o dos de la tarde. Es el momento de organizar lo que han traído de las machambas: limpiar el grano, las legumbres,…y comienza de nuevo el trabajo reproductivo, el doméstico. Limpiar la casa, atender los animales del gallinero, organizar la leña, lavar la ropa y cenar lo que quedó del desayuno. Acostumbran hacer sólo dos comidas: el desayuno y la cena.

Exposición Mozambique Bilbao

La cooperante Amaia Laforga en el Metro del Casco Viejo de Bilbao, durante la exposición sobre Mozambique y los problemas que enfrenta la población campesina.

A las siete de la noche, las mujeres duermen sino hay requerimiento del marido.

¿Cómo son las familias de las mujeres campesinas? Son familias extensas, comenta Amaia. La tradición y lo socialmente reconocido es la poligamia, aunque legalmente está prohibida. Existe mucha mortalidad materna y paterna por las condiciones socio-sanitarias y el SIDA. Afortunadamente, los familiares se hacen cargo de la niñez huérfana, porque la cobertura del Gobierno no existe. No existen ni registros civiles. Son los líderes comunitarios los que dicen este niño o niña es hijo o hija de aquella pareja, y su palabra es aceptada por la comunidad y la administración gubernamental si lleva a cabo algún requerimiento.

Sin títulos de propiedad

¿Son propietarias de tierras las mujeres? Un no rotundo es la respuesta de Amaia. “Como mucho copropietaria, pero si muere el esposo la tierra pasa al hermano de él o al hijo mayor de él. Y con la poligamia únicamente queda protegida la esposa principal, las otras desamparadas”, explica la cooperante.

Tampoco existe un registro de tierra. El desarrollo está llegando poco a poco a Mozambique, donde el Estado es el dueño de la tierra y da únicamente el derecho de uso al campesino. En este apartado, Mundubat colaboró para que se dieran tierras a organizaciones de mujeres campesinas.

Las campesinas no son jefas de hogar. El hombre indica hasta qué cocinar y la cantidad. Ordena asimismo qué se compra y cuando hay un excedente agrícola, él dice cuánto se irá a vender al mercado y a cómo. En ocasiones, la mujer puede proponer que de los cinco kilos de tomates que se comercializarán, por lo menos dejar dos para cocinar, pero si el hombre decide que no, se hace lo que él ordena.

Guardianas de saberes ancestrales

Para Amaia, estas mujeres son expertas en trabajar la tierra. Tienen maestría por no decir doctorado. Entre ellas se da la transmisión oral del conocimiento ancestral que poseen del manejo de la tierra, las semillas, los cultivos, la siembra y cómo proteger la tierra.

Exposición Mozambique Pamplona

En la Estación de Autobuses de Pamplona, donde la Exposición Latidos de la tierra tuvo un gran éxito entre el público. Se programaron visitas guidas.

Mozambique perdió mucho por la guerra que vivió entre 1975 y 1994. La población se vio obligada a desplazarse y vivir en refugios, dándose la pérdida de conocimiento de cómo trabajar el campo. Hubo que comenzar de nuevo y gracias a las mujeres se recuperaron bastante las prácticas ancestrales. Lo hacen de forma natural cuando comparten con otras mujeres las labores del hogar o en las machambas.

Mientras limpian el grano, sentadas en el suelo, las mujeres hablan. Mientras lavan la ropa, hablan. “Transmiten lo bueno y lo malo”, precisó Amaia. “Porque cuando hablan también aconsejan obedecer al marido. Es el que sabe”.

A pesar de todo son espacios positivos para la transmisión de conocimientos y se ha ido consiguiendo que ellas mismas vean y se integren en la Comisión de Mujeres que existen en las organizaciones campesinas de cada Distrito, así van teniendo los primeros éxitos que las fortalecen. Uno de ellos: lograr azadas para las mujeres. Antes solamente los hombres se repartían las herramientas de trabajo.

La balsa que empodera

De forma tranquila y sin causar mucho ruido, produciéndose el efecto de la balsa de aceite, las Comisiones de Mujeres se multiplican. Las campesinas comprenden la importancia de organizarse y tener voz propia en los Distritos, donde ya hay mujeres presidentas o secretarias.

¿Las campesinas consiguen autonomía con la Soberanía Alimentaria? “Están aprendiendo”, asegura Amaia. Soberanía Alimentaria es un concepto de la relación de las personas con su medio a través del cuidado de los bienes comunes, el agua, las semillas, la agricultura de subsistencia. Se va aprendiendo que si siembran una alubia que se comercializa mejor, tendrán mayores ingresos y con estos podrán comprar aceite, los cuadernos de las hijas y los hijos que van a la escuela. Esto da más autonomía. “En eso están… aprendiendo, comprendiendo, descubriendo las cosas buenas que trae la Soberanía Alimentaria”, concluye la cooperante.

Y, ahora, nos toca ver parte de esta realidad en las figuras humanas que aparecen en las diferentes fotografías que por unas semanas albergará el pasadizo de Egia. Es el momento de descubrir y tal vez hacer realidad el Efecto Mariposa.

Mozambique Soberanía Alimentaria

 

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