Carta a Iñigo Egiluz, por Jesús Martín: «¿Te acuerdas cuando…?»

 

Hace 20 años (18 de noviembre de 1999), el cooperante de Mundubat Iñigo Egiluz y el sacerdote Jorge Luis Mazo regresaban de una misión humanitaria desde Murindó a Quibdó, en Colombia. Venían por el río Atrato en una lancha y a las nueve y media de la noche, cuando les faltaban 50 metros para llegar al puerto de Quibdó, fueron arrollados por una lancha de los paramilitares. Iñigo y Jorge Luis murieron. Para conmemorar el 20 aniversario de su asesinato, hemos pedido a compañeras y compañeros que compartieron tiempo con Iñigo que le escriban una carta. Esta primera carta la ha escrito Jesús Martín, que coincidió con Iñigo en Guatemala.

 

 

Hola Iñigo, han pasado ya 20 años desde que nos dejaste, desde que las garras de los asesinos te arrebataron de entre nosotros y parece que fue ayer.

Se dice despacio, 20 años. Veinte años en los que poco han cambiado las cosas por las que luchaste y no se ven síntomas de que las cosas vayan a mejor, al menos a corto plazo.

Este recuerdo va para ti, Iñigo, y para Jorge Luis y también para todas esas personas que tienen nombre y apellidos, que han sido asesinadas en la lucha por sus derechos y que no tuvieron un acto de recuerdo en su memoria.

Ya sabes que el tiempo es una trituradora de recuerdos que desmenuza las vivencias y solo recordamos aquellos trozos más grandes, más significativos. Y entre esos trozos rescatados del olvido, quiero recordar algunos de los momentos que compartimos en Guatemala, cuando eras brigadista y acompañabas a las poblaciones que retornaban de México; poblaciones que se fueron al exilio para salvar la vida, huyendo de las masacres de la política de tierra quemada que llevó a cabo Rios Montt en 1983.

Esas poblaciones que retornaron, tenían un escudo de protección ante eventuales agresiones del ejército y a la vez un altavoz en los medios de comunicación que les daba una relativa confianza, en lo que para ellos era un gran riesgo, pues la violencia sufrida estaba todavía muy presente en su memoria

En la comunidad Victoria 20 de enero, primer asentamientos de retornados el 20 de enero de 1993, en Ixcán, Quiché,  todavía te recuerdan con cariño, lo mismo que en la Comunidad Copalá, la Esperanza.

Te acuerdas cuando, en las noches estrelladas y mientras llegaba el sueño, nos entreteníamos alumbrando con las linternas los escorpiones negros que vivían al amparo de los horcones de madera y el techo de lámina, una noche contamos más de veinte. El lecho era duro, tabla rasa y una ligera cobija para cubrirse y por supuesto, dormir vestidos. Un mosquitero contra los zancudos que tenían una especial preferencia por la sangre de cooperante. Eran noches largas, noches de charla y confidencia, de proyectos que hacían falta en la comunidad, de posibilidades de obtener fondos para ejecutarlos y de las dificultades que se darían con el retorno de otras comunidades.

Comunidades entre las que Copalá merece una mención especial, pues el asentamiento en ésta antigua finca, descubrió aspectos de tu relación con los retornados que hasta entonces desconocía. En particular el cariño y la familiaridad con la que te trataban y la sencillez con que tú les correspondías. Allí no había conflicto de lenguas, ellos en quecchí o en castellano elemental, se hacían entender tan bien, que casi sobraban las palabras, porque en eso de la palabra tú eras un experto. Y no era por tu labia precisamente, sino todo lo contrario.

Te quiero contar que nadie te propuso para el nombre de una calle: Íñigo Eguiluz, cooperante; o Ínigo Eguiluz, solidario; o sencillamente Íñigo Eguiluz. Las calles llevan nombres de gente famosa, gente asimilada por el sistema y tú eras una persona sencilla; un silencioso y tenaz defensor de la quimera de la justicia y la igualdad; tú eras una piedra en el zapato de los intereses de los grandes hacendados, por eso se sacaron esa molesta piedra de la forma más cruel.

Te quiero comentar que, para hacer justicia por tu caso, por vuestro caso, se tuvieron que hacer gestiones a nivel particular y tratar de involucrar a las instituciones para que los responsables de vuestras muertes asumieran las consecuencias; pero la defensa de los Derechos Humanos es algo molesto que sólo queda bien en las grandes declaraciones. Y eso que los Derechos Humanos dejan aspectos sin resolver, pues no se concibe que una instancia internacional elabore una declaración de principios a respetar y no establezca una instancia con poder para hacerlos respetar. Ya ves, una traje de hace 70 años ya se queda anticuado para las necesidades actuales y hay que hacer un nuevo corte más moderno.

También te quiero comentar que os asesinaron por no ser neutrales, por poneros al lado de los que nada tienen, por ejercer un tipo de cooperación que va más allá de la ejecución fría y técnica de los proyectos, por ejercer un tipo de cooperación militante, en estrecha sintonía con la gente y que rompía con los esquemas de neutralidad a que nos quieren acostumbrar las instituciones donantes, sabedoras de que en estos casos la neutralidad siempre beneficia a los poderosos.

Decirte, Íñigo, que en este país han aparecido nuevas opciones políticas. Te hubiera gustado estar en su eclosión, eso sí, en silencio, a tu estilo; pero no te hubieras involucrado en ellas, porque lo tuyo eran los espacios abiertos, los ríos, las selvas, las montañas, allí donde la mirada se topa con la naturaleza más salvaje. Pero no era sólo la naturaleza, sino las mujeres y hombres que en ella habitan, con formas de vida en armonía con el entorno, en condiciones difíciles, necesitadas de apoyo y recursos…y ahí entras tú, con la serenidad de tu juventud, con la energía de tus convicciones, con la tenacidad de tus decisiones; para, junto con ellos, luchar por sus derechos, luchar por el respeto a su tierra; como cuando acompañabas a los retornados guatemaltecos frente al Fondo de Tierras.

Y de quienes vivíamos en la sede de Mundubat en Guatemala, poco puedo decirte, les he perdido la pista y sólo puedo comentarte algunos aspectos generales. La administradora, se jubiló después de bastantes años colaborando con lo que era Paz y Tercer Mundo. El coordinador general, le he perdido la pista. El que le substituyó, optó por irse a vivir a Nicaragua y echar allí raíces, los afectos mueven voluntades. Una de las chicas adoptó una niña guatemalteca, lista como ella sola y creo que sigue trabajando en una institución de ayuda a gente con problemas de drogadicción. Otra chica abrió un centro de actividades con enfoque de género y se mantiene a base de subvenciones y pequeños proyectos. La última chica, se fue a los calores del sur con temas de naturismo. Y de los chicos de la radio, de uno no sé nada en absoluto y el otro decidió abandonarnos voluntariamente ingiriendo tejo. En mi opinión fue una forma de ser coherente con su pensamiento.  Del  “Espoleta” sé que se construyó una casa ecológica en la meseta, ya sabes que lo suyo eran las energías renovables y la cosa natural. El “Coletas” se ha debido jubilar, pero como se apunta a un bombardeo, se embarcó en un proyecto político, a nivel municipal con las corrientes emergentes y se le veía feliz y con canas. Y de quien esto escribe, te diré que acabo de estrenar jubilación y todavía no me lo creo, porque nunca pensé que la vida me regalara tanto tiempo.

De Colombia poco puedo decirte, quizás quienes compartieron contigo ese tiempo puedan darte más información, de todos modos los medios informan que ha habido un proceso de paz, que se ha concretado en unos acuerdos que han servido para que una parte del conflicto se desarme y hayan quedado a merced de los paramilitares, que han aprovechado la ocasión para iniciar la eliminación selectiva de líderes de las FARC  y de líderes populares, lo que ha tenido como consecuencia que una parte de los desmovilizados haya retornado a las armas para, al menos, defender su vida, porque pretender regresar a los tiempo de Marulanda, es algo que no es posible.

Eduardo Galeano, que como tú anda recorriendo los espacios siderales buscando una estrella donde asentarse, sabe que las venas abiertas de América Latina siguen sangrando y sabe, como sabemos nosotros, y no lo olvidamos, que tú eres una gota más de ese río que fluye y que no cesa.

No te doy más la brasa con estos recuerdos inconexos, retazos de tiempo y de memoria y que algún día llegará que la perdamos; pero mientras tanto, deja que te recordemos como lo que fuiste: una persona solidaria, tenaz, ilusionada, discreta y silenciosa.

Jesús Martín

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