Carta de Miren Basaldua a Iñigo Egiluz: «Hacías práctica de la teoría»

 

Hace 20 años (18 de noviembre de 1999), el cooperante de Mundubat Iñigo Egiluz y el sacerdote Jorge Luis Mazo regresaban de una misión humanitaria desde Murindó a Quibdó, en Colombia. Venían por el río Atrato en una lancha y a las nueve y media de la noche, cuando les faltaban 50 metros para llegar al puerto de Quibdó, fueron arrollados por una lancha de los paramilitares. Iñigo y Jorge Luis murieron. Para conmemorar el 20 aniversario de su asesinato, hemos pedido a compañeras y compañeros que compartieron tiempo con Iñigo que le escriban una carta. Esta carta la ha escrito Miren Basaldua, que coincidió con Iñigo trabajando en Mundubat.

 

Al hablar de ti, Iñigo, es inevitable rememorar aquel día en el que, sin 18 años cumplidos, te presentaste en mi despachito recién estrenado (yo acababa de empezar mi trabajo en Mundubat ) diciendo que querías ir de voluntario-brigadista a vivir el verano con las comunidades de guatemaltecos/as refugiadas en Chiapas.

Yo te hice conocer cómo eran las condiciones precarias de vida de estas comunidades (sin agua ni luz corriente, alimentos muy básicos, chozas…), te hice saber que estas gentes campesinas habían huido y sufrido la represión de los militares guatemaltecos. Todo ello lo sabías y desde hacía tiempo, por eso llevabas varios veranos trabajando para ahorrar y pagarte el viaje, al mismo tiempo que estudiabas. Esa determinación, esa decisión y valentía por conocer, vivir y compartir  de cerca el sufrimiento, las vidas y alegrías de comunidades y personas alejadas de nosotras, siendo tan joven, me pareció ejemplar y alentaba el esfuerzo de nuestra ONG, Mundubat (entonces Hirugarren Mundua ta Bakea) por traer y dar a conocer a nuestro cómodo y próspero mundo, las dificultades, opresiones y explotaciones que estaban y están ocurriendo en los entonces llamados países del tercer mundo.

Tu compromiso y entrega por la causas justas, no se quedaba en pasar un verano viviendo experiencias diferentes y así nos lo demostraste siendo impulsor indiscutible de la ‘Plataforma por el 0,7% y +’, que reclamaba ante las instituciones este compromiso mínimo con las poblaciones desfavorecidas y en desarrollo, que en su momento consiguió llamar la atención de la sociedad e instituciones, y hoy sin embargo todavía sigue incumplido.

Dormías en el Arenal, te manifestabas en las calles, nos reclamabas y removías de nuestras comodidades, hacías práctica de la teoría y nos pedías, ser militantes en nuestro trabajo diario. Me pedías asumir mi trabajo con profesionalidad, si, pero también con dedicación, con constancia, con ilusión, con la mirada puesta en las personas y comunidades para las que trabajamos y nos esforzamos por conseguir los fondos, por los procesos que apoyamos de libertad, justicia, derechos humanos, soberanía alimentaria o feminismo. Tu ejemplo de entrega a las causas justas, me pedía no separar el trabajo diario de mi vida y unir teoría y practica, hacer del trabajo una parte de militancia en mi vida. Me pedías, nos pedías a las ONGD, ser consistentes con nuestros principios, no vendernos al mejor “postor” o “financiador”, estar alerta ante los peligros de burocratización o acomodo, y mes pedías que nuestro trabajo sea un fiel reflejo de nuestras ideas. Y por sus ideas puestas en práctica con las comunidades desplazadas del Atrato colombiano, te mataron los paramilitares aquel 18 de noviembre de 1999.

 

Miren Basaldua

 

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