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· Ante la crisis, recortar la cooperación o aumentar la solidaridad?
Javier Erro Sala, miembro de Mundubat
A pesar de las promesas del Presidente Rodríguez Zapatero, su Gobierno ha recortado en 800 millones de euros para este y el próximo año de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD). En la misma línea, el presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, iba más lejos y pedía que la AOD se recortara a la mitad. Pero, ¿qué significa realmente disminuir los gastos en la lucha contra la pobreza?
Según el Gobierno, casi nada. Soraya Rodríguez, Secretaria de Estado de Cooperación Internacional, reconoce que no se cumplirá la promesa de alcanzar el 0,7% de la Renta Nacional Bruta en 2012, pero sostiene que “el compromiso del Gobierno con un mundo más equitativo y más solidario no se recorta”.
Otras voces opinan lo contrario. Las ONG de Desarrollo tachan la medida de injusta. También Adela Cortina, catedrática de Ética y Filosofía Política y una de las voces intelectuales españoles más reconocidas en el mundo, que califica el recorte de “radicalmene inadmisible”. Para esta autora recortar la inversión en los sectores de población más vulnerables alimenta que existan ciudadanos de primera y de segunda: unos bien arropados en la seguridad y el bienestar; otros en permanente situación de riesgo. Por lo tanto, meter la tijera a la lucha contra la pobreza en el mundo no es un ejercicio gerencial, sino una decisión política de gran calado y, sobre todo, un autorretrato humano.
Primero nos indica el lugar que lo humano ocupa en nuestro estilo de vida y en los proyectos políticos que se proponen. Menguar el gasto dedicado al “desarrollo humano” reduce lo que queda de humano en nuestro modelo de sociedad. Lo denuncia Adela Cortina, erradicar el hambre y la pobreza es un “Deber Ya”, el primer principio ético, no admite recortes. ¿O es que la solidaridad y la justicia, como fundamentos que son de una sociedad democrática, sólo se garantizan en épocas de bonanza económica?
La cooperación internacional para el desarrollo es una dimensión fundamental de la solidaridad social, no sólo un apartado de la política exterior. Las relaciones exteriores se basan en criterios de oportunismo y dejan los Derechos Humanos y la ayuda en un oscuro segundo plano. Por eso es un error de bulto fragmentar la idea de solidaridad. La ayuda hacia las personas cercanas que lo necesitan –en la familia, la ciudad o el conjunto del país- sólo se convierten en solidaridad si adquiere naturaleza universal. Una sociedad compleja, global e interdependiente niega esas divisiones tan alegres entre el “aquí” y el “allí”. ¿Puede separarse la solidaridad por piezas al antojo de cada uno o estamos ante un delicado mecano social y global que pierde todo sentido cuando excluye alguna de sus partes?
En segundo lugar estos recortes de la AOD corren el riesgo de aumentar un problema clave de la sociedad contemporánea: el debilitamiento del sentido de la solidaridad. Lo que se necesita es todo lo contrario: la sociedad compleja, global e interdependiente está obligada a construir una política de solidaridad que ponga la solidaridad en el centro de lo político, como bien recalcan pensadores de la talla de Morín y Boff. Si ponemos nuestros intereses por encima de la idea de solidaridad sacrificamos el futuro común de todas y todas por el presente particular de algunos y algunas.
Una actitud solidaria exige ir de arriba hacia abajo, y no al revés. Obliga a recortar ética y jerárquicamente. Comenzar por lo inhumano (la industria armamentística, la formación para la guerra), por lo obsceno (el despilfarro millonario: 550.000 euros para cada jugador de “la Roja” si ganan el mundial...), por lo insostenible (el consumo desbocado), por lo innecesario (lo “humanamente prescindible”). Nos remite entonces a una política fiscal justa. Congelar pensiones, aportar más precariedad todavía a la precariedad laboral y profesional, desatender a personas dependientes, y recortar la AOD, obedecen a una misma lógica: que paguen las consecuencias de esta crisis aquellos que más la sufren. Por eso el recorte de las AOD es “radicalmente insolidario”.
Sugerir que tenemos que reducir la ayuda a aquellas personas que están lejos para poder mejorar así la situación de las que tenemos cerca es falso e inmoral. El recorte nos hace más pobres, sobre todo en humanidad, a todos y todas, además de hipotecar un futuro común. Olvida además que, como denuncia Adela Cortina, el conjunto de la sociedad española parece estar por encima de sus gobernantes y, todavía, a pesar de la manipulación política y mediática, rechaza el recorte de la AOD, como demuestran las últimas encuestas.
En definitiva, o reinventamos una cooperación internacional para el desarrollo que se sustente en una visión integral de solidaridad –que se vea a sí misma como el “laboratorio de humanidad” que realmente debe ser-, o la insolidaridad, convertida ya en estilo de vida, puede que comience pronto a devorar a sus propios hijos.
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