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· Los futuros de la Cooperación para el Desarrollo Javier Erro Sala. Coordinador de Mundubat en Navarra.
En principio, una vez constatado el fracaso de la idea que identifica desarrollo con crecimiento económico, parece haber consenso in internacional en torno al concepto de Desarrollo Humano Sostenible. Los seres humanos pasarían así a ocupar el centro de las políticas de desarrollo; el crecimiento económico se entendería como medio y nunca como meta en sí misma; y se aseguraría que nuestro desarrollo sea compatible con el bienestar de nuestros hijos y nietos. Pero todo esto es sólo teoría. En la práctica, ni la idea de Desarrollo Humano Sostenible orienta las políticas de cooperación internacional, ni el desarrollo para toda la humanidad está a la vuelta de la esquina.
A espaldas de los datos el modelo neoliberal dominante sigue empeñado en propagar que el desarrollo será el resultado natural de la libertad de los flujos de capital, de la competitividad y del acceso a los mercados globales. La dimensión social, la tragedia de la relación Norte-Sur, quedan subordinadas a los intereses mercantiles. Cuando el mercado entra de lleno en las tareas del desarrollo, como desconfía de la cooperación solidaria a la que acusa de ineficaz y de competencia desleal, la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) cae en picado. De aquí el actual escenario: el futuro de la AOD y de la cooperación al desarrollo se tambalea.
Es verdad que el actual modelo de cooperación al desarrollo nació para servir a una realidad, la de hace cincuenta años, que hoy ya no existe. Es cierto también que no ha sido capaz de aliviar sustancialmente la pobreza y la desigualdad. ¿Debe impedir eso que hoy defendamos la idea de la cooperación como una necesidad vital de la sociedad global? Actualmente dos visiones compiten por orientar el presente y futuro de la cooperación.
La primera, basada en la idea de mercado, busca rubricar una visión de la cooperación que sirva de instrumento de la política exterior de los países más ricos y de los intereses de los sectores más favorecidos. Se quiere una cooperación centrada en la ayuda humanitaria y de emergencia frente a catástrofes y en programas que contribuyan a paliar los “daños colaterales” de la economía global. Por eso el “problema de la seguridad”, dentro de una lógica de la guerra, desplaza la prioridad de la ayuda a los países más pobres y privilegia a aquellos que sirven mejor a los intereses de las grandes potencias y compañías transnacionales.
La segunda, levantada desde la idea de sociedad, parte del concepto de ciudadanía global y pretende hacer de la cooperación internacional una palanca para el cambio social en el Sur y en el Norte. Asume un mundo interdependiente y coloca en el centro de toda estrategia de cooperación la garantía de los derechos humanos de todas las personas. Habla del derecho al desarrollo, y entiende además que cada comunidad debe orientar ese derecho de acuerdo con sus necesidades y cultura.
Sin embargo, las Organizaciones No Gubernamentales de Cooperación para el Desarrollo (ONGD) tenemos que ser conscientes que atravesamos un momento de la historia de la cooperación en la que su función social asignada por los gobiernos ya no es tanto el de extender el valor de la solidaridad en el cuerpo social, sino el de ser parte de un ejército humanitario del “generoso Norte” para con el “desgraciado Sur”. Casi nadie quiere remover las bases sobre las que descansa el injusto orden mundial.
Lo que está planteado es una lucha para dotar de un nuevo sentido al papel de las ONGD en su afán de fortalecer una cooperación y una AOD en peligro. Esta tensión obliga a las ONGD a mejorar sustancialmente su relación con el Sur y su comunicación con la sociedad del Norte. ¿Qué clase de vida, que sociedad y mundo estamos forjando? Es la gran pregunta que está en la base de una cooperación responsable. Si queremos encontrar respuestas tendremos que convertir la cooperación internacional en mucho más que una gestión tecnócrata de la pobreza y de la exclusión social. Habrá que buscarlas sobre todo en una nueva estrategia de vida que debe construirse como sociedad común de actores del Norte y del Sur, con todas sus oportunidades y todos sus riesgos.
Mayo de 2005. |
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