A diferencia de sus países vecinos, Honduras no se vió envuelta en los años 80 en proceso violento alguno. Eso contribuyó a convertirse en la gran olvidada del movimiento solidario internacional. Sin embargo, el papel que se le asignó a Honduras de plataforma de la contrainsurgencia y de sede de las grandes compañias transanacionales vinculadas a la explotación del banano favoreció y promovió la práctica de actividades represivas hacia los movimientos sindicales, campesinos, feministas y estudiantiles. Las cifras de personas muertas y desaparecidas en dichos años resultan considerables. Pero, sobre todo, es destacable la repercusión que dicha represión tuvo sobre la sociedad civil hondureña, descabezada en sus líderes hasta fechas cercanas.
A finales de los 90, el huracán Mitch vino a visibilizar la altísima vulnerabilidad socio ambiental, económica, política y organizativa de este país. Es entonces cuando Honduras se ubica en lugares protagónicos para la cooperación y la solidaridad internacional, concretada en todo tipo de programas, ayudas, asistencias técnicas y humanas, tanto de organizaciones civiles como de instituciones gubernamentales.
Mundubat inicia su andadura en Honduras en 1996 en un área fronteriza con Guatemala, en el Departamento de Santa Bárbara. La pretensión era y sigue siendo vincularse a actores sociales con capacidad de respuesta crítica ante la situación en la que se encuentra la realidad hondureña. Nuestro trabajo se encamina hacia dos áreas determinantes en el análisis de las posibilidades de desarrollo desde la sociedad civil: el poder local y las economías populares, partiendo de una opción clara por el apoyo a los procesos organizativos de las mujeres campesinas.